Este es el tipo de cosas que se obvian en los relatos del camino de Santiago y lo comprendo porque resulta desagradable incluso recordarlo, pero como anecdota me gustaria compartir la ecatombe Compeed nocturna.
La aparicion de ampollas, para los que no estamos acostumbrados a andar, es inevitable te eches lo que te eches; vaselina, vicks, dove, etc... pero sobre todo lo es para los que tras una caida vamos cojeando o haciendo mal la pisada. Era de esperar que tras 60 km en esta situacion comenzaran a aparecer las primeras pistas de estas. Crei que la mejor solucion para evitar que fueran a mas era cubrirlas con una fina lamina de Compeed, craso error.
Tras una jornada sudorosa, la pelicula de piel artificial se habia desprendido casi en su totalidad llevandose, claro esta, mi piel. Asi que a oscuras, a la tenue luz de un movil y con las tijeras de una navaja suiza multiusos corte literalmente mi piel a la 1 de la mañana; cure como pude la carne viva con agua oxigenada y cubri la herida con betadine y una gasa esteril. No puedo recordar, afortunadamente, el dolor que sentia en cada pisada a la mañana siguiente pero el camino a Zafra fue tan espectacular que se me olvidaron los dolores. Con el tiempo y el paso de los dias, los dolores fisicos dejan paso a la formacion de callos y pasan a un segundo plano; es como cuando montas en bicicleta despues de mucho tiempo...al principio te asfixias un poco y te cuesta una vida pedalear, pero cuando te acostumbras no quieres parar.

Salgo a las 7 de la mañana, tras mi desayuno continental de las sobras de la noche anterior y dos platanos. Es un placer desayunar fuerte y quemarlo todo antes del mediodia, me repito pero es que es un gusto...
Transcurridos los primeros 10 minutos me percato, afortunadamente, de que me falta el palo...¡oh putain!-digo en alto acompañando las carcajadas de los franceses-. Cuando me vuelvo a poner en marcha me he perdido irremediablemente ese fresquito mañanero que acompaña al amanecer donde el sol empieza ya a calentar. Los cubos de señalizacion, cuya utilidad para sentarse esta por encima de su verdadera funcion, se reparten por todo el camino desordenadamente. Ahora mismo caigo en que estoy planteando mi relato, mezclando el futuro con el pasado y el presente...sin embargo tras leer a Saramago o a Foster Wallace, sé que la tormenta de ideas inconexas entra dentro de las posibilidades narrativas. Reitero la falta total de acentos por problemas tecnicos.
Afortunadamente, la mayor parte del camino transcurre por vias pecuarias y es habitual cruzarse con pastores, granjeros, nativos del lugar y mucha gente rara. Otros tantos utilizan, como antaño, las vias pecuarias para ir de un pueblo a otro con las babuchas de estar por casa y todos ellos responden amablemente a mi peticion de referencias, direcciones e incluso geolocalizaciones espontaneas (echo de menos los acentos, un monton). Este breve contacto humano no evita que el panorama en general sea de total soledad. A veces, el dialogo interior se torna insoportable y echa de menos uno el batiburrillo francofono de fondo.
Me pense mucho lo de traer o no un reproductor mp3 en el que refugiarme e incluso al no traerlo me parecio una soberana estupidez pues los primeros dias me costaba aislarme del mundo; luego aprendi a disfrutar de los ruidos de la naturaleza.
Aprendi que cuando cantan los pajaros no hay riesgo de lluvia y cuando estos desaparecen, hay un 99% de que caiga una tromba de agua.
Como detalle curioso de la etapa, esta la espontaneidad con la que el grupo de franchutes tararea el "o nuit" de la pelicula "los chicos del coro" . En un gesto de integracion les digo ¡Les choristes! y rien a carcajadas. Chantal, educadamente, me indica que me equivoco. La nuit es de Rameau, no de la pelicula...pero "el cine se queda con todo". Les indico que adoro el cine frances y que el atrevimiento tematico de sus compatriotas es envidiable; lo hago, por supuesto, en mi francés inventado.
Parece que para entonces la conversacion ha llegado a otros deroteros y como mi nivel de frances dista mucho de ser fluido, les abandono a su suerte y me impulso con la banda sonora de Rameau de fondo.
Parece que tras la intensa temporada de lluvias, algunos riachuelos siguen desbordados e invaden el camino de forma irreparable. Al sortearlo, cruzando unas piedras providenciales, una de ellas se vence y mi pierna derecha se da un merecido baño. En aquel momento imagino el agua entrando en la bota, invadiendo la gasa que protege la herida de mi ampolla y generando un nuevo microclima, pero sobre todo me atraviesa la mente la imagen del grupo de franceses cayendo en la misma trampa. Los espero pacientemente y les indico a gritos que voy a hacer palanca con el palo para evitar que la piedra se mueva. Que menos que intentar que mis angeles de la guarda lleguen a puerto sanos y salvos. Al llegar a Zafra, le insisti al hospitalero que si habia dos salas y no quedaban camas de abajo en la primera era imperativo que los franchutes dispusieran de camas de abajo, por su edad y su agotamiento. Los franchutes valoraron aquellos dos gestos de humanidad exageradamente y termino por subirseme a la cabeza el papel de guardaespaldas del inserso franchute. Dias despues nuestros caminos estaban a punto de separarse y me veria de nuevo solo y sin compañeros de viaje.

Mi cena, que tuve la precaucion de fotografiar y enviar a mi cuñado para que entonara un "hijo de!! que bien te lo montas!"
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