viernes, 17 de junio de 2011

2 - Guillena - Castilblanco de los Arroyos


Salida a las 7:00. Hoy vamos a probar a ver si hay más ambiente por el camino saliendo más temprano. Resulta curioso eso de que el albergue esté en el mismo camino de flechas amarillas, qué comodo.
Cruzo el rio y tras una enigmática flecha, que malinterpreto, me adentro en un camino que se abre en el lecho de la orilla derecha. Recorro con bastante dificultad unos 2 kilómetros y llego a un punto de no retorno...extrañado vuelvo sobre mis pasos y descubro que he perdido alrededor de 40 minutos. La flecha amorfa expresaba con claridad que se trataba de realizar un giro a la derecha y luego a la izquierda...primer cabreo conmigo mismo del camino: "nadie ha cometido el error excepto tu, capullo".
Los primeros pasos de la mañana pasan por un polígono industrial, con sus olores y ruidos característicos. Un tipo apura su cigarrillo a las puertas de una de las naves y me observa con esa atención despreocupada con la que a veces contemplamos la televisión. Ni respuesta a los buenos días, ni buen camino. Al recuperar el escenario floral me topo con una escena grotesca: el primer peregrino que veo en el camino, Giulio, baja de un camión y tras dar las gracias al conductor comienza a caminar. Giuluo, es un sexagenario italiano cuyo humor se me antoja ligeramente avinagrado. Se queja del calor, de la señalización, del negocio que los españoles hacemos del camino, etc, etc; mi superyo me dice: "de qué se queja este tio si se acaba de bajar de un camión; la energía se gasta andando no quejándose". No es la compañía que necesito en estos momentos, pero lejos de poder adelantarlo, es Giulio el que nos adelanta.
Sí, puede resultar curioso que hable de mi mismo como si fueramos dos...pero de cierta forma así es. Hice el camino conmigo mismo, mi yo y mi superyo en lucha constante por el desequilibrio.
Tras un par de horas de soledad, comienzo a oir un batiburrillo de hélices e imagino que estoy llegando al campo de vuelo señalizado en la guía de los amigos del camino de santiago de Sevilla. La guía se las trae y es muy mejorable, pero entre ella e ir a ciegas...la prefiero.
Toboganes, finca de naranjos y alcornocales que debería ser advertida como "interminable". La dificultad es baja y mis piernas tiemblan sólo de pensar en cómo serán 30 km de dificultad alta.
Vuelvo a topar con vida humana sexagenaria, Jaques y Chantal matrimonio bretón de Quimper.
Los adelanto mientras toman un descanso (qué envidia), pues de otra forma sería imposible...no sé qué come esta gente pero va a un ritmo de 7km/hora. No doy tres pasos cuando encuentro un alemán remojando sus pies en una charca. Definitivamente hay vida humana en el camino, me tranquiliza pensar que no soy el único loco de la manada. Tras la cagada mañanera he podido adelantar a 3 personas que me doblan la edad...por hoy es más que suficiente para mi autoestima.
Llegando a Castilblanco (llegando es un decir) me encuentro con uno de los personajes fundamentales del camino...uno de esos enigmas místicos de la naturaleza: Grace.

Grace, 17 años, oriunda de Alaska y cuyo sobrepeso llama mi atención. La criatura está al borde de sus fuerzas, bajo un matorral, colorá como un tomate, sin agua. Me paro y tomo el primer contacto con el camino que hay debajo del camino turístico-religoso...el camino humano. No habla una palabra de castellano y su inglés está tan masticado que se me hace muy dificil entenderla. Le ofrezco agua y la pobre bebe como si fuera la última cantimplora del universo. Me ofrezco a ayudarla a levantarse pero no hace falta que utilice las palabras para expresar un "no gracias...necesito...".
- Ok, nice to meet u Grace. Buen camino.
A partir de ahora el cansancio enturbiará un poco el relato y se producirán carencias líricas de importancia. Llego a Castilblanco literalmente con la rodilla colgando. Dolor es un término inespecífico para expresar con claridad el nivel de desgaste físico de hoy.
Caigo en la cuenta, además, de que llevo 2 días sin hablar una palabra de castellano. Sólo breves y concretos chapurreos de inglés y francés; nada demasiado complicado. Cuando llego al albergue ya están allí el italiano, el alemán de la charca, los 3 franceses de ritmo militar de Guillena y una pareja de Rusos.
Apenas estoy terminando de secarme de la ducha cuando llegan los coreanos. Un grupo de niños orquestados por dos "profesores" cuya historia tiene vida propia en el camino.
Al atardecer y después de dormir una siesta de 2 horas en las que me embadurno con gel frio para relajar los ligamentos de la rodilla, reordeno estos pensamientos e incluso me invento unos nuevos:
"Envidio a las piedras, porque ellas han visto y verán más allá de lo que pueden expresar las palabras humanas, a la tierra suspendida en los caminos porque se abandona a su destino sin anhelos ni sorpresas, a las flores porque miran al sol sin miedo a quedar cegadas, al viento porque viene y va con decisión, a los insectos por su insignificancia. Y me engaño pensando que para ellos soy un enigma, lo saben todo de mi, de mi camino, de mi historia, porque me han visto pasar cien veces".

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