sábado, 18 de junio de 2011

4- Almadén - Real de la Jara



No me cabe la menor duda, ahora lo sé, de que las moscas son tontas. Les abres las ventanas durante unos minutos y tras cerrar la ventana se quedan pegadas al cristal durante horas y si vuelves a abrir reentran como si fuera su último día sobre la tierra. Si tuviera una vida tan corta como la de una mosca, que apenas duran 1 semana, invertiría mi tiempo en otras cosas...si yo pudiera volar no me verían besando el cristal de una ventana. Son las 7:25 y por excesos de educación ha amanecido antes de que pudiera salir del albergue. Teniendo en cuenta que la litera se movia y crujía con tan sólo respirar y que me desperté a las 6 meándome a chorro vivo pero que aguanté hasta las 6:30 a que se despertaran los demás para no molestar, resulta incomprensible que tardara 1 hora en prepararme.
Sin embargo compartir 1 sólo cuarto de baño con 17 personas desde el punto de vista de un ser educado (e imbécil), te deja el último en todos los cálculos.
En los próximos días aprendería a evitar la excesiva educación y así mismo, encontrarme el váter como si la noche anterior hubiera sobrevivido a un apocalipsis anal.
Desayuno: 2 plátanos, 1 kinder-bueno y 1 litro de zumo de piña (sí, es bastante previsible que regaré los campos frecuentemente). Recargo la botella de aquarious y la cantimplora de agua. Ahora que lo pienso este diario puede parecer un poco técnico y ordinario, pero al principio tengo que detallar estos procesos para contextualizar mi historia.
Hace cinco días que nadie me da los "Buenos días". Oigo Bonjours, y Good Mornings por todos lados, y algunas palabras ininteligibles. En las primeras horas recorro unos 6-7 km a paso constante. Me duele todo el cuerpo pero no estoy al borde de la fatiga como ayer. Parece que Pierre y Jaques van a menor ritmo de lo habitual, lo que me permite intercambiar algunos gestos de "joder vaya paliza ayer y qué listos fuisteis al elegir el otro camino" y ellos "pues sí, ayer fui jodido pero no te creas tu tampoco que la carretera era más fácil".
Lo de que van a menor ritmo es una ilusión. En realidad soy yo el que va más rápido pero me agoto pronto en este nuevo ritmo y los pierdo de vista.
Adelanto al matrimonio bretón, a los coreanos, a los alemanes, Silvia me saluda desde la sombra de un árbol. Parece que tomármelo como una carrera me da fuerzas para continuar y olvidarme de que estoy roto a todos los niveles.
A 4 km de la meta, decido descansar y comer algo. Entre los 20 kilos de útiles que cargo a mis espaldas, llevo comida. Me como uno de esos pastelitos de fruta y fibra de All-bran y fuet acompañados por un caldo de aquarious calenturiento. Aconsejado por un conocido que realizó el camino, me abstengo de beber en las fuentes y abrevaderos si no quiero abonar el monte con una sinfonía de descomposiciones. He perdido gran parte de mi urbanidad en estos 5 días, pero lo de cagar en cuclillas sigue antojándoseme imposible.
En esta pausa es la primera vez que analizo la longitud real de 1 km. Llevo casi 100 km recorridos y más de 30 horas caminando...parece que no resultará tan fácil recorrer 1000 km después de todo. También caigo en la cuenta de mis ritmos. Cuando estoy demasiado cansado, tropiezo torpemente contra las rocas y ya llevo un par de uñas negras.

No estoy acostumbrado a grandes caminatas, eso puede verlo cualquiera con un simple vistazo, pero tras superar el pico del Calvario ya nada puede (o eso creía yo) ser peor.
Me quedan 4 km para terminar la etapa de hoy pero, a veces, 4 km por un camino de cabras se convierten automáticamente en 11-12 km; vamos que no mentía la guía al decir que la etapa era difícil. Ya me lo advirtió el bicigrino: hasta Monesterio es horrible y de repente Extremadura se suaviza y se convierte en bajada hasta Mérida.
Me resulta sorprendente, pero el desgaste físico de los primeros días y las agujetas se han convertido en un ligero tono muscular. Sin embargo eso no evitaría que en la 5ª etapa (la de Monesterio) me pegara una ostia que pondría a prueba mi continuidad en esta epopeya urbanita sin ningun sentido.
Cuando tienes por delante la friolera de 900 kilómetros, que has comprobado es una cifra bastante más irregular de lo que pueda parecer en un papel, tiendes a marcarte objetivos a corto plazo. Por ejemplo, mientras entraba en la provincia de Badajoz me iba diciendo a mi mismo que si llegábamos a Monesterio podríamos coger un bus hasta Mérida y allí decidir sobre qué hacer.
No puedes pensar en el camino como un todo, no puedes imaginarlo todo a la vez, por más que mires y marques el mapa impermeable que llevas y que consultas como única lectura nocturna, no vas a aligerar el kilometraje.
Pensé en llevarme un libro para entretenerme antes de dormir...sin embargo comprobé que cuando el peregrino adopta la posición horizontal no tiene tiempo ni de programar el despertador del reloj.
Como curiosidad, la chica de la oficina de turismo me comenta que sólo ha visto 2 españoles en el último mes; yo le digo que no he visto ninguno. A veces, estoy en silencio sepulcral durante horas...como ahora que no encuentro palabras para describir esta profunda incomunicación espiritual. Antes de quedarme dormido pienso en Grace y "rezo" por que esté bien. Con rezo quiero decir qué deseo que este bien para relajar mi conciencia por no alertar a la guardia civil de su posible extravío. Sin embargo, teniendo en cuenta que Grace entró en Santiago 20 minutos después que yo...entiendo que la prueba del Calvario no acabó con su fe.

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