domingo, 25 de septiembre de 2011

9ª etapa: Villafranca-Torremegia


Apenas anoté nada de esta etapa en el cuaderno de bitácora y será la primera de muchas en las que no lo haga. Me reencuentro con los franceses a mi llegada a Almendralejo, Chantal me saluda con efusividad y descanso con ellos en un pequeño bar que agasaja a los peregrinos internacionales con refrescos a 2 €. Me tomo un aquarious, entro en el bar y pago sus consumiciones.
Salgo, me pongo mi mochila, mi sombrero y cogiendo el palo les sonrio y les suelto un socarrón: "Je paye la tournée!! Buen Camino" y me piro antes de que reaccionen a tamaña ofensa por mi parte. No tarda Jean en alcanzarme con sus palos de trekking intentando pagarme su coca cola y el nestea de su hermano, les digo que en españa decimos "hoy por ti mañana por mi, aujourd´hui pour toi demain pour moi" y parece que les calma que mi gesto responda a una arraigada tradicion española. Chantal por su parte no deja de echarme la bronca durante todo el camino; es fantástico volver a oir "Manuel" entre los batiburrillos francófonos de estos superabuelos que tienen nietos de mi edad.
Torremegía es uno de los pueblos mas pequeños que estan a pie del camino; el albergue se descubre como uno de los mejores de extremadura: un antiguo monasterio restaurado gestionado por la junta con todas las comodidades del siglo XXI, x 10 €.
A la mañana siguiente y con la triste sensación de que será mi ultimo día en el camino, decido pedirles que se fotografien conmigo a las puertas del albergue por si acaso no volvemos a vernos jamás. A estas horas miro la cicatriz de mi pierna y todos los momentos vividos entre completos extraños y me pregunto si alguna vez fue posible que pudiera pensar que sería tan sencillo llegar a Santiago andando desde casa. Recuerdo con humor mi pinta de snob neófito que bebía agua a las puertas de Itálica con la confianza de que todas las rutas tendrían una trayectoria tan exquisita. Me entra una sensación de vacío, una sensación de fracaso absoluto y me pregunto que coño hago yo aqui si lo que tendría es que estar en casa poniendo mi vida patas arriba. No puedo pensar con claridad, por primera vez en 10 dias no puedo dormir, mañana será otro dia y llegaré a los 220 kilometros de andadura. No tengo fuerzas para continuar.

8ª etapa: Zafra-Villafranca de los Barros


Me despiertan los belgas que, provistos de linternas para la cabeza comienzan a prepararse a las 5 de la mañana.
Teniendo en cuenta el ejercicio físico y el desgaste propio del clima al que nos enfrentamos a diario, suelo irme a la cama alrededor de las 8-9 de la noche. Ni que decir tiene que es fundamental echarse una siesta nada mas llegar al albergue, sobre todo para que descansen las piernas; en la Puebla de Sanabria me salte este delicado plan de recuperacion y tuve una de las crisis mas duras del camino: Tendinitis, suspender o no suspender.
Me despierto, como decía, entre sábanas y almohada...la primera vez en una semana que prescindo de mi minisaco de dormir. Recojo mis cosas y salgo del palacio con la fresquita.
Anoche cenamos en el albergue, los franceses, los valencianos y una pareja de americanos. Hice una menestra que ofreci a mis compañeros de viaje, junto con los embutidos y quesos que juzgue mejores en el supermercado. Menos mal que estoy de paso...si viviera en este pueblo pesaria 150 kilos, qué bueno esta el salchichón ibérico con un buen queso curado. Grasa pura sí, pero esto mañana a esta misma hora está quemado. Los belgas querian comer cerdo ibérico y no tuvieron problemas para desembolsar una buena pasta en el restaurante del Parador que tenemos a sólo 100 metros. Zafra es una verdadera preciosidad y en Extremadura los albergues se sitúan normalmente en los cascos históricos de la ciudad, así que todo esta a mano.
Olvido con facilidad los problemas de señalización y me alejo de Zafra, dirigiéndome siempre al norte...afortunadamente hasta Zamora no comenzaremos a virar hasta el nor-oeste.
Pasada la primera semana, el transporte de comida demuetra su utilidad: llegar un domingo a las 4 de la tarde a un pueblo perdido de la geografía española es una invitación para el sablazo del famoso menú del peregrino e incluso en algunas poblaciones ni eso...nada de nada, ni agua. A medida que nos introduzcamos en el interior de la españa profunda la previsión se convierte en algo instintivo, pero sirve de mucho que nos pase por primera vez lo de quedarnos descolgados de pertrechos, de los errores se aprende.
La guía dice que la etapa de hoy tiene 36 kilometros hasta Almendralejo. Teniendo en cuenta que no me entrené de ninguna forma antes de hacer el camino, en aquel momento me pareció una pasada recorrer tan sólo 10 km en un día. Teniendo en cuenta que en la etapa del arco de Caparra no tendría mas remedio que recorrer más de 30, preferia esperar y ver como respondia el cuerpo. Los primeros dias, ni que decir tiene, las agujetas provocan fatiga y un cansancio in extremis a los músculos desacostumbrados a caminar. Pero con el tiempo, se va creando una resistencia y el cuerpo te pide más.

La llegada a Villafranca se produjo bien entrada la tarde, pero descubrí uno de esos paraisos para peregrinos: Casa Perín. Por 18 leuros me dejaron una suite con cama de matrimonio, frigorífico, tv y baño completo; todo con ese toque rústico-familiar por el que algunos listos suelen cobran un plus. Un trato excelente, cocina compartida y un pequeño patio para ver las estrellas.
Allí, tras 9 dias, conozco a la primera española que me encuentro en el camino. Guadalupe tiene en su verbo y en sus gestos ese toque de inteligencia que da la experiencia de una vida dura, fuera de los círculos sociales urbanos donde se estilan los caracteres evitativos. Hablamos de filosofía, de jardinería, de educación y por primera vez me preguntan diréctamente porque estoy haciendo el camino. Lo primero que irrumpe en mis labios es un sincero: soy ateo; pero bien es cierto que parte de la utilidad de mi viaje es estar en comunión conmigo mismo y con el resto del mundo. Si ando cada dia es para responder a la pregunta de "¿ y por qué no?".
Al parecer he perdido la pista de los franceses. Tras casi 200 km en los que he compartido con ellos una familiaridad sorprendente por mi parte, con lo cerrado que yo soy en círculos nuevos, echo de menos sus risas nocturnas, sus tarareos, su compañia, saber que tienes una atmósfera alrededor...son percepciones subjetivas, pero minutos antes de dormir pienso en ellos, en Grace, en los coreanos, en los belgas, los americanos y decido poner fin a mi viaje en Merida.
Estoy en los limites de mi resistencia y mi cuerpo lejos de acostumbrarse al ejercicio se esfuerza por expresarme que está a punto de venirse abajo; ampollas, rozaduras, inflamaciones, dolores de espalda, de cuello, de cabeza, etc.

viernes, 23 de septiembre de 2011

7ª etapa: Fuentes de Cantos-Zafra


Este es el tipo de cosas que se obvian en los relatos del camino de Santiago y lo comprendo porque resulta desagradable incluso recordarlo, pero como anecdota me gustaria compartir la ecatombe Compeed nocturna.
La aparicion de ampollas, para los que no estamos acostumbrados a andar, es inevitable te eches lo que te eches; vaselina, vicks, dove, etc... pero sobre todo lo es para los que tras una caida vamos cojeando o haciendo mal la pisada. Era de esperar que tras 60 km en esta situacion comenzaran a aparecer las primeras pistas de estas. Crei que la mejor solucion para evitar que fueran a mas era cubrirlas con una fina lamina de Compeed, craso error.
Tras una jornada sudorosa, la pelicula de piel artificial se habia desprendido casi en su totalidad llevandose, claro esta, mi piel. Asi que a oscuras, a la tenue luz de un movil y con las tijeras de una navaja suiza multiusos corte literalmente mi piel a la 1 de la mañana; cure como pude la carne viva con agua oxigenada y cubri la herida con betadine y una gasa esteril. No puedo recordar, afortunadamente, el dolor que sentia en cada pisada a la mañana siguiente pero el camino a Zafra fue tan espectacular que se me olvidaron los dolores. Con el tiempo y el paso de los dias, los dolores fisicos dejan paso a la formacion de callos y pasan a un segundo plano; es como cuando montas en bicicleta despues de mucho tiempo...al principio te asfixias un poco y te cuesta una vida pedalear, pero cuando te acostumbras no quieres parar.

Salgo a las 7 de la mañana, tras mi desayuno continental de las sobras de la noche anterior y dos platanos. Es un placer desayunar fuerte y quemarlo todo antes del mediodia, me repito pero es que es un gusto...
Transcurridos los primeros 10 minutos me percato, afortunadamente, de que me falta el palo...¡oh putain!-digo en alto acompañando las carcajadas de los franceses-. Cuando me vuelvo a poner en marcha me he perdido irremediablemente ese fresquito mañanero que acompaña al amanecer donde el sol empieza ya a calentar. Los cubos de señalizacion, cuya utilidad para sentarse esta por encima de su verdadera funcion, se reparten por todo el camino desordenadamente. Ahora mismo caigo en que estoy planteando mi relato, mezclando el futuro con el pasado y el presente...sin embargo tras leer a Saramago o a Foster Wallace, sé que la tormenta de ideas inconexas entra dentro de las posibilidades narrativas. Reitero la falta total de acentos por problemas tecnicos.
Afortunadamente, la mayor parte del camino transcurre por vias pecuarias y es habitual cruzarse con pastores, granjeros, nativos del lugar y mucha gente rara. Otros tantos utilizan, como antaño, las vias pecuarias para ir de un pueblo a otro con las babuchas de estar por casa y todos ellos responden amablemente a mi peticion de referencias, direcciones e incluso geolocalizaciones espontaneas (echo de menos los acentos, un monton). Este breve contacto humano no evita que el panorama en general sea de total soledad. A veces, el dialogo interior se torna insoportable y echa de menos uno el batiburrillo francofono de fondo.
Me pense mucho lo de traer o no un reproductor mp3 en el que refugiarme e incluso al no traerlo me parecio una soberana estupidez pues los primeros dias me costaba aislarme del mundo; luego aprendi a disfrutar de los ruidos de la naturaleza.
Aprendi que cuando cantan los pajaros no hay riesgo de lluvia y cuando estos desaparecen, hay un 99% de que caiga una tromba de agua.
Como detalle curioso de la etapa, esta la espontaneidad con la que el grupo de franchutes tararea el "o nuit" de la pelicula "los chicos del coro" . En un gesto de integracion les digo ¡Les choristes! y rien a carcajadas. Chantal, educadamente, me indica que me equivoco. La nuit es de Rameau, no de la pelicula...pero "el cine se queda con todo". Les indico que adoro el cine frances y que el atrevimiento tematico de sus compatriotas es envidiable; lo hago, por supuesto, en mi francés inventado.
Parece que para entonces la conversacion ha llegado a otros deroteros y como mi nivel de frances dista mucho de ser fluido, les abandono a su suerte y me impulso con la banda sonora de Rameau de fondo.
Parece que tras la intensa temporada de lluvias, algunos riachuelos siguen desbordados e invaden el camino de forma irreparable. Al sortearlo, cruzando unas piedras providenciales, una de ellas se vence y mi pierna derecha se da un merecido baño. En aquel momento imagino el agua entrando en la bota, invadiendo la gasa que protege la herida de mi ampolla y generando un nuevo microclima, pero sobre todo me atraviesa la mente la imagen del grupo de franceses cayendo en la misma trampa. Los espero pacientemente y les indico a gritos que voy a hacer palanca con el palo para evitar que la piedra se mueva. Que menos que intentar que mis angeles de la guarda lleguen a puerto sanos y salvos. Al llegar a Zafra, le insisti al hospitalero que si habia dos salas y no quedaban camas de abajo en la primera era imperativo que los franchutes dispusieran de camas de abajo, por su edad y su agotamiento. Los franchutes valoraron aquellos dos gestos de humanidad exageradamente y termino por subirseme a la cabeza el papel de guardaespaldas del inserso franchute. Dias despues nuestros caminos estaban a punto de separarse y me veria de nuevo solo y sin compañeros de viaje.

Mi cena, que tuve la precaucion de fotografiar y enviar a mi cuñado para que entonara un "hijo de!! que bien te lo montas!"

6º etapa : Monesterio-Fuente de Cantos


Olvide mencionar el uniforme de pregrino y el equipaje con el que salí desde Sevilla. Lo primero que aprende el peregrino, por lo general, es a desprenderse de lo innecesario. Calculo que salí de Sevilla con 6 kilos de más y fuí tirando cosas por el camino. Estudié las tasas de envío de objetos que aplica Correos a cada kilo durante 1000 km y cuando llegué a Santiago e intenté enviar el palo me dijeron que era demasiado largo...no me reí porque no estaba el ambiente muy bonachon, pero lo habria hecho a gusto.

Desperté por la mañana y tardé más de lo que creía en volver en mí, necesité un poco de tiempo para ordenar mis pensamientos, ubicarme y decidir lo que finalmente la almohada y yo habiamos decidido hacer. Me mire la pierna, que habia tenido a bien dejar toda la noche al descubierto para que se secara todo lo posible y descubrí que tenia mejor pinta de lo esperado.

Me levanto y miro por la ventana, está amaneciendo y oigo los primeros pasos en los pasillos del hostal. Creo haberlo comentado con anterioridad pero en Monesterio a falta de albergues, hay diversos hostales de los que se dispone de un baño individual y una cama por unos 20 € aproximadamente.
Es un sablazo y rompe un poco con el espiritu del camino que invita a compartir la intimidad con sujetos desconocidos de los que al principio desconfias, luego cuidas e incluso proteges.
Lejos de resultar agradable la etapa de Fuente de Cantos, admitiendo que es 10 km más corta que la de Monesterio, es monótona. Mucho terreno, homogeneo y muy sencillo perderse porque de inmediato y sin que lo notemos, los miliarios o flechas que nos muestran el camino cambian o se mimetizan con el terreno, la hierba, el desgaste, etc. A partir de aqui las señales del camino se dividen en 2: "Camino de Santiago" interpretado como un cuadrado amarillo integrado en una piedra cubica - "Calzada Romana" con cuadrado verde.
Lo cierto y verdad es que a menudo son caminos confluyentes asi que no hay riesgo de perdida pero sí de que recorras, como yo, 7 km de mas. A buen ritmo hablamos de 1 hora más de camino y eso cuando se acerca la 1 de la tarde con el cielo a pleno rendimiento, marca la diferencia.

Es el primer contacto con las tierras extremeñas, pero también con sus embutidos, sus quesos y sus vinos.
Mi dieta, que hasta entonces se habia basado en pequeñas paradas para consumir embutido y aquarious, se completa con algunas verduras y lacteos. Llevo 6 dias sin comer en un bar y me surto de la despensa básica para sobrevivir a la pérdida de rumbo. En la mochila siempre llevo una lata de aquarious y una lata de sardinillas o callos. Ni que decir tiene que las conservas adquieren un papel fundamental en la dieta del peregrino de bajo consumo, que necesita energía sin florituras para llegar al siguiente destino. Los establecimientos de restauración a pie de camino, es natural, aprovechan la llegada masiva de peregrinos para hacer sus menus especiales por 12-18€. A los alemanes, franceses o americanos puede parecerles un precio magnífico por una ensalada, unos san jacobos y un arroz con leche hacendado; pero con 18 € me alimento 2 dias, me surto de agua y bebidas energéticas y me sobra para unos chicles.
Como decía, me equivoco de camino y sigo el camino marcado en verde. En realidad el camino mozarabe o de la via de la plata seguía la calzada romana hasta Mérida, asi que en esencia no es un error de 7 km sino un encuentro providencial. Eso me digo ahora...porque cuando que me enteré no pude evitar un sutil "me cago en...!".
El albergue, eso si, es una pasada. Por lo general, los albergues de Extremadura podrían formar parte de la cadena "Paradores". Por el módico precio de 10 €, tienen duchas, ropa de cama, desayuno, salas de estar, mantas, etc.
Nada mas llegar, se me pega un tio de Castellón y me empieza a contar una anécdota tras otra. Finjo prestarle toda mi atención, pero mi interés se acrecienta cuando me informa de que Grace, la alaskesa obesa que creí perdida del mapa en Castilblanco, esta sana y salva 2 etapas por detras.
Mañana nos esperan 25 km. Desafortunadamente, llegué tan tarde que no quedaban camas libres abajo en las literas. No es que me importe subirme, es que tras beber alrededor de 6 litros de líquido al día es bastante complicado bajarse de la cama de madrugada sin hacer ningún ruido para ir a evacuar.

miércoles, 22 de junio de 2011

5ª etapa: Monesterio - 100 km


En pocos días y a tenor de los últimos acontecimientos, las barreras idiomáticas que nos obligaban a comunicarnos por señas han sido sustituidas por un lenguaje que podríamos denominar "de confianza" y de "esfuerzos de comprensión".
A continuación algunos ejemplos didácticos:
- Manuel, tu luego cenar?
- Sí, ok y vosotros?
- Ok
- Son las 4 ahora, a que hora cenais?
- A las 7?
- Dónde?
- Tu conoces?
- No pero pregunto a la hospitalera
- Ok, tu preguntas y comemos a las 7
Todo esto expresado con 4 palabras en francés, otras tantas en castellano (nivel MICHO) y muchas reverencias japonesas.
Puede que comenzáramos siendo extraños, que mantuvieramos las distancias pero cuando uno se esfuerza por ejercer la incomunicación...el verbo se abre camino, eso está claro.
La etapa de Monesterio era, como prometió el bicigrino, un camino "chungo" cuya longitud e irregularidad no se ven reflejadas en las guías y cuya complicación puso a prueba mis fuerzas. Si me ciñera a los acontecimientos el relato carecería del caracter épico que había pensado darle, pero a tenor de la verdad y tras un cómodo camino a la sombra de los árboles, el firme se convirtió inesperadamente en una subida constante a lo largo del estrecho arcén de una carretera nacional. Subir, subir, subir y subir incluso cuando tu instinto te dice que estas bajando.
Podría atraer vuestra atención con una descripción detallada de las múltiples puertas que separan los campos por los que pasa el camino, incluso podríamos debatir sobre la inexactitud de llamar a este campo compartimentado: "campo abierto".
También podría comentar que la actividad cerebral está basada principalmente en visceración del cancionero popular, la perversión de las sevillanas, los gritos e improperios varios cuando estamos en soledad, etc.
Pero debemos ser realistas, a 6 km de Monesterio, bajando por la carretera, faciendo la via del calatraveño a Santa María, vencido del sueño, do vi la vaquera de la Finojosa...perdí la carrera...el palo perdió pie, el pie derecho perdió pie y caí con todo lo puesto, rodando por un terraplén.
Desgraciadamente, en esos razonamientos fugaces a los que te obliga la vida, a menudo, evitar un mal mayor te obliga a asumir males menores; por lo cual no pude evitar el desgarramiento de la espinilla (de la que me queda una bonita cicatriz), las manos y la rodilla.
En aquellos momentos deseé la compañía del señor Miyagi y sus masajes sanadores, pero esta ensoñación lejos de curar la herida no evitó que la sangre saliera a borbotones. Tardé un tiempo en reaccionar, el calor, el cansancio y el éxtasis del dolor recorrían lo que quedaba de mi.
En aquellos momentos mi mente gritaba basta y mi cuerpo no me hablaba, pero tiré de mi escueto botiquín que consistía en poco más que una toallitas hipoalergénicas y crema de betadine. Nada que pudiera evitar que la herida dejara de sangrar.
No recuerdo el lapso de tiempo, pero sí recuerdo con claridad haber oido un "estas bien?". Alcé la vista y vi a unos superequipados bicigrinos desde lo alto de la carretera que me desearon mejoría y continuaron su camino. Por un momento pensé que no merecía un tratamiento maternal y que el lema de "tu camino, tus reglas, tu responsabilidad" entraba en conflicto con pararse a socorrer a imbéciles...pero oir los gritos de "Manuel, Manuel" de Chantal...verla sacar el botiquín y que Jaques te coja el brazo y te diga "te va a doler" y que tu digas "Merci" al dolor, convirtió un momento trágico en un momento mágico.
Para cuando volví a la realidad, tenía la pierna vendada. Chantal me desinfectó con clistalmina, una pastilla, 3 tipos de vendaje y les faltó un besito en la herida, pero teniendo en cuenta la mierda de ayuda prestada por los bicigrinos; que una francesa de 70 años a la que no conoces de nada, te cure las heridas te deja sin aliento.
Resulta curioso y divertido, ahora 1 año después contemplar a ese cínico existencialista. Mi visión del universo distaba mucho de las realidades mínimas que son las que constituyen el mundo en realidad y no ese retrato efímero que nos llega a través de la cultura popular; sin embargo es tan común que lo mediocre se sienta único que creía que el cinismo era inherente al ser humano y que algunos afortunados tenían la capacidad de fingir lo contrario.
En mi corta vida, he elegido el camino más largo para todo. Dicen que lo más poderoso del mundo es el amor, pero en realidad es al miedo al que se han construido catedrales, pirámides y templos. Miedo a la muerte, miedo a la vida, miedo al principio y al final, miedo a equivocarnos, miedos que despiertan nuestros instintos primitivos y nuestra pasión.
Allí, tirado en el suelo...me sentí liberado del miedo. No había ni canción, ni película, ni nadie a mi alrededor. Antes de la llegada de Chantal...me di cuenta de que no tenía miedo a morir, sinceramente no queria vivir y crei que el camino me venceria de una forma que no podria encajar. En esencia este procesamiento mental es un poco tonto y autovictimista, pero es un diario de viaje y me parece indicado compartirlo todo.

Volviendo a la realidad, caerse y herirse es la mayor cagada que te puede pasar en el camino. Esto te obliga a ir más lento y con más precauciones de lo normal. El constante bombeo de sangre del ejercicio aeróbico, evita la formación de postillas...así que a los 15 min de volver a caminar, las vendas chorreaban sangre y notaba que fluía por mi tobillo y el calcetín.
La llegada a Monesterio, lejos de ser celebrada por la superación de los 100 km a pie; fue tétrica. Accedimos a través de un núcleo residencial de nueva construcción abandonado, que daba paso a más carretera y un pueblo en constante subida. Llegamos los últimos, pues Chantal y Jaques me escoltaron preguntándome mi estado en todo momento.
Yo estaba triste pues sabía que la caida ponía de manifiesto que era inutil continuar; que mañana amanecería con un hematoma y que mis fuerzas estaban al límite.
100 km me pareció una cifra bastante digna para dar por finalizada la aventura y me informé de los horarios de los autobuses en la oficina de turismo.
Sin embargo, la mente tiene una forma peculiar de llamar nuestra atención. A veces establece conexiones donde normalmente no veríamos nada. O recuerda momentos de nuestra historia y los pone ante nosotros para evidenciar que el camino nos exige algo más que andar.
Podría describir una iluminación divina, que vi a la virgen, que se me apareció algún miembro del santoral pero estaría exteriorizando la responsabilidad de mi decisión. Elegí seguir, y no tengo una explicación coherente que ofrecer.
Me considero un hombre bastante locuaz y analítico como para construir argumentos que apoyaran una rendición o una continuación; pero de corazón...seguí porque necesitaba seguir.

sábado, 18 de junio de 2011

4- Almadén - Real de la Jara



No me cabe la menor duda, ahora lo sé, de que las moscas son tontas. Les abres las ventanas durante unos minutos y tras cerrar la ventana se quedan pegadas al cristal durante horas y si vuelves a abrir reentran como si fuera su último día sobre la tierra. Si tuviera una vida tan corta como la de una mosca, que apenas duran 1 semana, invertiría mi tiempo en otras cosas...si yo pudiera volar no me verían besando el cristal de una ventana. Son las 7:25 y por excesos de educación ha amanecido antes de que pudiera salir del albergue. Teniendo en cuenta que la litera se movia y crujía con tan sólo respirar y que me desperté a las 6 meándome a chorro vivo pero que aguanté hasta las 6:30 a que se despertaran los demás para no molestar, resulta incomprensible que tardara 1 hora en prepararme.
Sin embargo compartir 1 sólo cuarto de baño con 17 personas desde el punto de vista de un ser educado (e imbécil), te deja el último en todos los cálculos.
En los próximos días aprendería a evitar la excesiva educación y así mismo, encontrarme el váter como si la noche anterior hubiera sobrevivido a un apocalipsis anal.
Desayuno: 2 plátanos, 1 kinder-bueno y 1 litro de zumo de piña (sí, es bastante previsible que regaré los campos frecuentemente). Recargo la botella de aquarious y la cantimplora de agua. Ahora que lo pienso este diario puede parecer un poco técnico y ordinario, pero al principio tengo que detallar estos procesos para contextualizar mi historia.
Hace cinco días que nadie me da los "Buenos días". Oigo Bonjours, y Good Mornings por todos lados, y algunas palabras ininteligibles. En las primeras horas recorro unos 6-7 km a paso constante. Me duele todo el cuerpo pero no estoy al borde de la fatiga como ayer. Parece que Pierre y Jaques van a menor ritmo de lo habitual, lo que me permite intercambiar algunos gestos de "joder vaya paliza ayer y qué listos fuisteis al elegir el otro camino" y ellos "pues sí, ayer fui jodido pero no te creas tu tampoco que la carretera era más fácil".
Lo de que van a menor ritmo es una ilusión. En realidad soy yo el que va más rápido pero me agoto pronto en este nuevo ritmo y los pierdo de vista.
Adelanto al matrimonio bretón, a los coreanos, a los alemanes, Silvia me saluda desde la sombra de un árbol. Parece que tomármelo como una carrera me da fuerzas para continuar y olvidarme de que estoy roto a todos los niveles.
A 4 km de la meta, decido descansar y comer algo. Entre los 20 kilos de útiles que cargo a mis espaldas, llevo comida. Me como uno de esos pastelitos de fruta y fibra de All-bran y fuet acompañados por un caldo de aquarious calenturiento. Aconsejado por un conocido que realizó el camino, me abstengo de beber en las fuentes y abrevaderos si no quiero abonar el monte con una sinfonía de descomposiciones. He perdido gran parte de mi urbanidad en estos 5 días, pero lo de cagar en cuclillas sigue antojándoseme imposible.
En esta pausa es la primera vez que analizo la longitud real de 1 km. Llevo casi 100 km recorridos y más de 30 horas caminando...parece que no resultará tan fácil recorrer 1000 km después de todo. También caigo en la cuenta de mis ritmos. Cuando estoy demasiado cansado, tropiezo torpemente contra las rocas y ya llevo un par de uñas negras.

No estoy acostumbrado a grandes caminatas, eso puede verlo cualquiera con un simple vistazo, pero tras superar el pico del Calvario ya nada puede (o eso creía yo) ser peor.
Me quedan 4 km para terminar la etapa de hoy pero, a veces, 4 km por un camino de cabras se convierten automáticamente en 11-12 km; vamos que no mentía la guía al decir que la etapa era difícil. Ya me lo advirtió el bicigrino: hasta Monesterio es horrible y de repente Extremadura se suaviza y se convierte en bajada hasta Mérida.
Me resulta sorprendente, pero el desgaste físico de los primeros días y las agujetas se han convertido en un ligero tono muscular. Sin embargo eso no evitaría que en la 5ª etapa (la de Monesterio) me pegara una ostia que pondría a prueba mi continuidad en esta epopeya urbanita sin ningun sentido.
Cuando tienes por delante la friolera de 900 kilómetros, que has comprobado es una cifra bastante más irregular de lo que pueda parecer en un papel, tiendes a marcarte objetivos a corto plazo. Por ejemplo, mientras entraba en la provincia de Badajoz me iba diciendo a mi mismo que si llegábamos a Monesterio podríamos coger un bus hasta Mérida y allí decidir sobre qué hacer.
No puedes pensar en el camino como un todo, no puedes imaginarlo todo a la vez, por más que mires y marques el mapa impermeable que llevas y que consultas como única lectura nocturna, no vas a aligerar el kilometraje.
Pensé en llevarme un libro para entretenerme antes de dormir...sin embargo comprobé que cuando el peregrino adopta la posición horizontal no tiene tiempo ni de programar el despertador del reloj.
Como curiosidad, la chica de la oficina de turismo me comenta que sólo ha visto 2 españoles en el último mes; yo le digo que no he visto ninguno. A veces, estoy en silencio sepulcral durante horas...como ahora que no encuentro palabras para describir esta profunda incomunicación espiritual. Antes de quedarme dormido pienso en Grace y "rezo" por que esté bien. Con rezo quiero decir qué deseo que este bien para relajar mi conciencia por no alertar a la guardia civil de su posible extravío. Sin embargo, teniendo en cuenta que Grace entró en Santiago 20 minutos después que yo...entiendo que la prueba del Calvario no acabó con su fe.

3 - Castilblanco - Almadén de la Plata


Lo más curioso del camino son los desayunos. En la vida, te privas de los excesos alimenticios con rectitud enfermiza y si caes en la tentación te obligas al consumo de desproporcionados episodios de insatisfacción lightianos.
Sin embargo si tienes que recorrer a pie más de 20 km, lo que te exige una exposición a las inclemencias de la naturaleza, el desgaste muscular y la quema de grasas, te permites el lujo de desayunar un plátano, tres batidos, una bandeja de palmeritas y chocolate. Y no han pasado 3 horas cuando vuelves a hacer la ingesta de calorías, embutidos, huevos, lacteos y derivados. Es entonces cuando entiendes la utilidad de la comida=energía.
Son las 6:30 de la mañana y a mi alrededor todo el mundo consume prácticamente lo mismo. Algunos se dedican un homenaje con un café frio con edulcorante acompañado de las sobras nocturnas, otros desayunan latas de conserva y los deportistas barritas energéticas y bebidas isotónicas. El día comienza a clarear cuando me dispongo a salir, son las 7:00.
Hoy voy a vaciar la mente de todo, sólo voy a andar. Alrededor de las 9 y tras iniciar la subida de una loma, veo por el rabillo del ojo a Pierre y Jaques, los belgas irreductibles. Avanzan ayudados por sus palos de trekking y su mochilita de preescolar. Mi mochila pesa alrededor de los 20 kilos, en contra de todo lo que dicen las guías, pero todo lo que llevo me será util..lo presiento.
El camino, a veces, se hace por carreteras nacionales; en realidad el camino está por debajo del alquitran.
Hoy, más del 60% de la etapa se hace por carretera encrespada. Parece que tras ella, llegaremos a un parque natural que hay que cruzar y al final nos espera algo llamado el Cerro del Calvario, pero en esos momentos no alcanzo a imaginar qué forma pueda tener.

Pierdo la noción del espacio y el tiempo, la percepción de la profundidad y de mí mismo. No veo ni rastro del grupo pero pienso con tristeza en Grace...la imagino enfrentada a esta etapa y me dan ganas de esperarla para convencerla de que abandone. Mientras escribo esto sentado a las puertas del albergue de Almadén, han pasado 10 horas desde la llegada del último peregrino que vió a Grace...y me estoy pensando seriamente alertar a alguna autoridad local de su situación.
Llegados a las puertas del parque natural descubro que recorridos 17 kilómetros, la verdadera dificultad se halla el Cerro del Calvario. Me tomo un descanso en compañía de algunos franceses, belgas y alemanes. Observo cómo Jaques y Pierre siguen avanzando por carretera y tras una horas descubriría cuan inteligente había sido esa estrategia.
Se me escapa cuál es la morfología que ha de tener un parque natural, pero dudo que los desiertos puedan estar considerados como patrimonio natural. Subidas, bajadas y cuando estoy al borde de mis fuerzas descubro que el Calvario es una montaña de altura equivalente a la Giralda cuya pendiente parece fruto de un terremoto paleolítico. Es en la montaña cuando me hago cargo de cuántos peregrinos somos en total: 13 + los belgas inteligentes que eligieron el otro camino.
Tardo alrededor de 1 hora en recorrer los 700 metros de subida para descubrir que la bajada consiste en el cauce de un rio, estilo camino de cabras y descrito por los peregrinos como una bajada "rompe piernas".
Silvia, la alemana, tararea una canción y me grita desde abajo que le apetece una cerveza que me de prisa que sólo hay un albergue y me va a tocar la cama de arriba.
Al borde de mis fuerzas, paro en medio de la bajada para respirar y porque las rodillas me van a explotar. Veo pasar a casi todo el grupo y me despido de la cama de abajo (con su comodidad a la hora de las meadas nocturnas, libertad de movimientos, etc).
Llego antes que los coreanos, el albergue está hasta los topes. Al quitarme los zapatos descubro la formación de las primeras ampollas y cometo el error de cubrirlas con Compeed...herramienta satánica a la que le dedicaré un post próximamente. Es la primera vez que me planteo abandonar el camino, estoy literalmente hecho mierda y no tengo fuerzas ni para subirme a la cama.
Sin embargo, me bastan los tímidos ánimos de un bicigrino para irme a la cama con esperanza de que mañana me irá un poquito mejor. No son las 20h cuando ya estoy embutido en mi saco y me quedo frito antes de que pueda pensar nada más.

viernes, 17 de junio de 2011

2 - Guillena - Castilblanco de los Arroyos


Salida a las 7:00. Hoy vamos a probar a ver si hay más ambiente por el camino saliendo más temprano. Resulta curioso eso de que el albergue esté en el mismo camino de flechas amarillas, qué comodo.
Cruzo el rio y tras una enigmática flecha, que malinterpreto, me adentro en un camino que se abre en el lecho de la orilla derecha. Recorro con bastante dificultad unos 2 kilómetros y llego a un punto de no retorno...extrañado vuelvo sobre mis pasos y descubro que he perdido alrededor de 40 minutos. La flecha amorfa expresaba con claridad que se trataba de realizar un giro a la derecha y luego a la izquierda...primer cabreo conmigo mismo del camino: "nadie ha cometido el error excepto tu, capullo".
Los primeros pasos de la mañana pasan por un polígono industrial, con sus olores y ruidos característicos. Un tipo apura su cigarrillo a las puertas de una de las naves y me observa con esa atención despreocupada con la que a veces contemplamos la televisión. Ni respuesta a los buenos días, ni buen camino. Al recuperar el escenario floral me topo con una escena grotesca: el primer peregrino que veo en el camino, Giulio, baja de un camión y tras dar las gracias al conductor comienza a caminar. Giuluo, es un sexagenario italiano cuyo humor se me antoja ligeramente avinagrado. Se queja del calor, de la señalización, del negocio que los españoles hacemos del camino, etc, etc; mi superyo me dice: "de qué se queja este tio si se acaba de bajar de un camión; la energía se gasta andando no quejándose". No es la compañía que necesito en estos momentos, pero lejos de poder adelantarlo, es Giulio el que nos adelanta.
Sí, puede resultar curioso que hable de mi mismo como si fueramos dos...pero de cierta forma así es. Hice el camino conmigo mismo, mi yo y mi superyo en lucha constante por el desequilibrio.
Tras un par de horas de soledad, comienzo a oir un batiburrillo de hélices e imagino que estoy llegando al campo de vuelo señalizado en la guía de los amigos del camino de santiago de Sevilla. La guía se las trae y es muy mejorable, pero entre ella e ir a ciegas...la prefiero.
Toboganes, finca de naranjos y alcornocales que debería ser advertida como "interminable". La dificultad es baja y mis piernas tiemblan sólo de pensar en cómo serán 30 km de dificultad alta.
Vuelvo a topar con vida humana sexagenaria, Jaques y Chantal matrimonio bretón de Quimper.
Los adelanto mientras toman un descanso (qué envidia), pues de otra forma sería imposible...no sé qué come esta gente pero va a un ritmo de 7km/hora. No doy tres pasos cuando encuentro un alemán remojando sus pies en una charca. Definitivamente hay vida humana en el camino, me tranquiliza pensar que no soy el único loco de la manada. Tras la cagada mañanera he podido adelantar a 3 personas que me doblan la edad...por hoy es más que suficiente para mi autoestima.
Llegando a Castilblanco (llegando es un decir) me encuentro con uno de los personajes fundamentales del camino...uno de esos enigmas místicos de la naturaleza: Grace.

Grace, 17 años, oriunda de Alaska y cuyo sobrepeso llama mi atención. La criatura está al borde de sus fuerzas, bajo un matorral, colorá como un tomate, sin agua. Me paro y tomo el primer contacto con el camino que hay debajo del camino turístico-religoso...el camino humano. No habla una palabra de castellano y su inglés está tan masticado que se me hace muy dificil entenderla. Le ofrezco agua y la pobre bebe como si fuera la última cantimplora del universo. Me ofrezco a ayudarla a levantarse pero no hace falta que utilice las palabras para expresar un "no gracias...necesito...".
- Ok, nice to meet u Grace. Buen camino.
A partir de ahora el cansancio enturbiará un poco el relato y se producirán carencias líricas de importancia. Llego a Castilblanco literalmente con la rodilla colgando. Dolor es un término inespecífico para expresar con claridad el nivel de desgaste físico de hoy.
Caigo en la cuenta, además, de que llevo 2 días sin hablar una palabra de castellano. Sólo breves y concretos chapurreos de inglés y francés; nada demasiado complicado. Cuando llego al albergue ya están allí el italiano, el alemán de la charca, los 3 franceses de ritmo militar de Guillena y una pareja de Rusos.
Apenas estoy terminando de secarme de la ducha cuando llegan los coreanos. Un grupo de niños orquestados por dos "profesores" cuya historia tiene vida propia en el camino.
Al atardecer y después de dormir una siesta de 2 horas en las que me embadurno con gel frio para relajar los ligamentos de la rodilla, reordeno estos pensamientos e incluso me invento unos nuevos:
"Envidio a las piedras, porque ellas han visto y verán más allá de lo que pueden expresar las palabras humanas, a la tierra suspendida en los caminos porque se abandona a su destino sin anhelos ni sorpresas, a las flores porque miran al sol sin miedo a quedar cegadas, al viento porque viene y va con decisión, a los insectos por su insignificancia. Y me engaño pensando que para ellos soy un enigma, lo saben todo de mi, de mi camino, de mi historia, porque me han visto pasar cien veces".

1- Sevilla - Guillena


Tras posponer en más de 3 ocasiones la salida; me decido por hacerla un Jueves 20 de Mayo de 2010, a las 8 de la mañana sin guía, sin mucha idea de cuánto es 1 km, sin mucha idea sobre nada en general. Salgo de casa. Si voy a hacer esto debo hacerlo fiel a mis ideas iconoclastas: no tendría ningun sentido salir desde la catedral.
Atravieso Triana, que ya lleva despierta un par de horas y hay suficiente gente en la calle como para mirarte con curiosidad. Llego a Chapina y encuentro el primer miliario (un monolito de piedra que marca el camino). Al parecer hay que bajar hasta un aparcamiento de camiones y cruzar el rio por un mini-puente que te lleva hasta un pasaje bajo la S-30 hasta Camas. No parece dificil, aún no hace demasiado calor y las flechas no dejan de aparecer a cada esquina. Por primera vez me pregunto si habrá flechas de estas hasta Santiago y quién, en su sano juicio, las habrá pintado.
Antes de las 10 y tras haber cruzado un par de polígonos industriales llego a Santiponce y paro a las puertas de Italica para consumir agua.
Concentrado en la relativa facilidad con la que he recorrido los primeros 10 kilómetros multiplico la cantidad en mi cabeza y se me hace dificil imaginar que los próximos 900 sean difíciles. Por aquel entonces tenía no poca imaginación, pero tiempo habría para sacarme de mi error de cálculo.

Tras 3 kilómetros tomo contacto con la que será la morfología característica del camino: tierra árida y vegetación a punto de la extinción. Cruzo un pasaje bajo la autopista y el tránsito me recuerda al ruido de una tormenta eléctrica, a lo lejos se vislumbra la primera extensión de terreno que podríamos denominar "campo abierto". La maleza alcanza cotas humanas, y entre ella bien podría agazaparse un depredador; apenas han pasado unos minutos desde la desconexión urbanita y ya estoy perdiendo el norte. Pasan horas antes de que caiga en la cuenta de que llevo tiempo caminando en soledad, bajo un sol de justicia y mis ánimos decaen sensiblemente.
De repente soy adelantado por un grupo de ciclistas que me sueltan un tímido: Buen camino!.
En esos momentos daría cualquier cosa por haber traido la bici...idea que descarto inmediatamente al ver la pendiente que les espera. ¿Qué coño hago yo aquí?
Llego a Guillena a las 12:40, muerto de calor, de cansancio, de asco en general. Sólo he recorrido 19 km pero mi cuerpo me intenta transmitir que a este ritmo nos rompemos en 1 semana.
En el albergue hay 3 franceses ya instalados que me dan las buenas tardes...me pregunto a qué jodida hora salieron y porqué no vi a nadie. Pasados unos minutos llegan otros 3 franceses. No son las 14:00 cuando el albergue está hasta los topes. Hambre, sed, calor, sueño, cansancio, son los sentimientos que puedo ofrecer hoy. Hecho de menos el aire acondicionado, el frigorífico, el ipod...
Mi padre se acerca a visitarme...y aunque valoro el detalle me recuerda que tras 5 horas de caminata no he hecho más que 15 minutos de coche desde Sevilla. Mañana va a ser un día terrible; el camino se ha descubierto como un escenario bastante más complicado de lo que parecía desde la comodidad de la ciudad.

1 año después



Sé que hay muchas personas cuya visión reduccionista del universo les impide entender que el Camino de Santiago, para muchos, está más cerca del humanismo que de la religión; incluso debo admitir que yo tenía muchos prejuicios ideológicos a este respecto. Sin embargo tras 1 año en el que lejos de olvidar esta extraordinaria experiencia me ha servido de revulsivo para empezar una nueva vida, en la que no me siento mejor ni peor a los demás sino que me siento bien, feliz, satisfecho, optimista, vivo, sin miedo a la vida ni a la muerte, sin miedos en general. Han desaparecido los malestares generales, las taquicardias, el estres, las comeduras de coco, etc. Y parece, tengo que aceptarlo, que el responsable fue el camino. Más concretamente: enfrentarme al absurdo de caminar más de 1000 km con la convicción de que podría conseguirlo, sin dioses ni santorales de por medio.
No siento acritud hacia los dioses o las religiones, creo que todo el mundo tiene que tener la libertad de elegir su fe. Pero conozco a muchos creyentes que se dejaron vencer por el camino y me pregunto cuáles son nuestras diferencias. Compartí mi camino con muchos cristianos practicantes, con ateos, con deportistas, con personajes atrapados en su propia historia y con todos pude expresarme con luz propia; no hubo que sacar conclusiones, no hubo que convencer a nadie de nada. La decisión de hacer el camino, me salvó la vida. Durante toda tu vida estás esperando que una canción, que una película, que alguien te cambie la vida, y el cambio está en las decisiones que haces contra tus propios límites, esa reconciliación que haces contigo mismo se produce en medio de la nada. Y de la nada, aflora el todo...y eso no es dios; para algunos sí, pero para los que vamos filosofeando por la vida, el descubrimiento trasciende lo divino, lo imaginable, lo común. Si te sientes perdido, si tienes miedo de tí mismo, de la vida, si crees que te conoces, te recomiendo que hagas el camino; no hay nada igual por más que busques. Buen Camino